Dicen los franceses -y en esta materia hay que reconocerles que saben más que nadie- que el queso es el complemento de una buena comida, y el suplemento de una mala. Quiérese con esto decir que el queso -equilibrado sucesor del segundo plato y antecesor del postre- debe tomarse siempre en su justa medida: si la comida ha sido buena, con un poco bastará; y si no lo ha sido tanto, habrá que recuperar el placer estomacal perdido con una ración más abundante. En la música, ocurre tres cuartos de lo mismo con las propinas: si el concierto ha valido la pena, una propina será suficiente; y si fue tirando a malo, será mejor olvidarlo con más de una. Ahora bien, ¿puede uno disponer una comida sólo a base de queso? O, lo que es igual, ¿es posible plantear un concierto exclusivamente con propinas?
Rotundamente: sí. Pero del mismo modo que el ágape…
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