Lo que voy a relatar es la historia de un chaval, que ahora tiene 12 años, hijo de un violinista de Córdoba, y que empuñó un violín por primera vez a los 11 meses de edad, porque quería emular a su papá y también poder jugar con ese juguete que sonaba. Este juego aparentemente le gustó, y al principio de forma lenta y luego más rápidamente fue adquiriendo la destreza de tocar ese artilugio que se llama violín, bajo la cuidadosa vigilancia – al principio – de su padre, y luego de otros pedagogos. Mientras tanto lo han escuchado algunos músicos prominentes, que han reconocido su gran talento.
Dentro de algún tiempo se le podrá escuchar en el programa de Fernando Argenta, acompañado por la Orquesta de RTVE, tocando nada menos que la Introducción y Rondo Caprichoso de Camille Saint Saëns, obra del gran repertorio violinístico: seguramente…
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