La segunda jornada de la actuación del Cuarteto de Tokio se inició con el menos conocido de los Cuartetos op 76, el sexto y último de la serie. Se toca muy poco, a pesar de su buena factura. Esta vez Haydn se pone a explorar qué es lo que se puede hacer con utilizar simplemente la escala mayor, en este caso la de mi bemol, como motivo temático, ya sea haciéndola sonar para abajo o para arriba, y con una armonización a veces osada. También llama la atención que llame al segundo movimiento Adagio ‘Fantasía’ y que el ‘Menuetto’ de siempre sea un Presto, o sea, mucho más cerca del Scherzo utilizado más adelante por Beethoven. Que en el transcurso de la obra aparezca una fuga “a la Bach” tampoco debe de sorprender: la prodigalidad de Haydn es infinita. Muy buena versión la del Cuarteto de Tokio, con la misma calidad y minuciosidad de siempre…
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