Una nueva producción de un pequeño teatro siempre es digna de encomio, al margen de los resultados finales, a los que se suele juzgar por un baremo comparativo en no pocas ocasiones injusto. El Teatro Calderón de la Barca de Valladolid, la pequeña y entrañable bombonera, ofrece unas limitaciones escénicas y acústicas que por fuerza deben condicionar lo que vemos y escuchamos (irremediablemente unidos, como explicaremos), desde la misma concepción, para plasmar el terrible drama en el que una niña se transforma en mujer a través del amor, para ser inmediatamente destruida por él.
Fabio Sparvoli ha elegido una opción que convencerá a casi todos y no entusiasmará a casi nadie, porque se ha ido a lo seguro: una estructura escénica a partir de planos en distintos niveles de elevación, unidos por rampas no transitables y escaleras, todo lo cual…
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