Pues no sé si tendré que acostumbrarme a las puestas en escena rompedoras, pero me cuesta ver transformado el bosque en que se celebra el concurso de tiro en un matadero (en el que hay tantos carniceros como cazadores), el barranco del lobo en un prostíbulo con Samiel transformado en una madame, ver a Max que parece más enamorado de Samiel que de Agathe (de hecho, al final de la obra abandonan juntos el escenario) o cómo el eremita es ejecutado por los soldados de Ottokar. Entre reproducir sin más un bosque bávaro y esto creo que hay alternativas que podría haber explorado Guy Joosten.
Friedrich Pleyer tuvo un gran papel en el buen resultado final de la representación. La orquesta se convirtió en una excelente narradora de la historia, eliminando ese aire truculento de la representación escénica y dotándola de una cierta magia. Las…
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