Otra buena entrada en el Auditorio de Galicia –gozosamente, se veían muchas mochilas paralelepípedas (los estuches para violín con forma de metralleta ya pasaron a la historia) a la espalda de otros tantos estudiantes-, y otra vez gracias al tirón de un solista de campanillas: el alemán Frank Peter Zimmermann (Duisburg, 1965). Y las espectativas fueron colmadas con creces.
Probablemente, a Zimmermann uno le asocia más con el repertorio clásico y romántico, pero esta noche dejó claro que el lenguaje de Procofiev no le es extraño (sin olvidar que tiene grabada toda su obra para violín). Así que Zimmermann plantó su atril a tres metros de distancia y prefirió tocar desde el cuerpo de la orquesta el Segundo concierto. Su interpretación partió de la visión introspectiva que requiere la introducción en solitario del primer movimiento, y ese…
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