Hay veces en las que el personaje está tan unido al intérprete que no se sabe muy bien dónde acaba uno y dónde empieza el otro. Ese detalle, de por sí, no resultaría peligroso, si no tomásemos en cuenta que algunos tenemos la exótica manía de afrontar algunos acontecimientos musicales escuchando previamente versiones de referencia que incluyen una de esas identidades intérprete-personaje. Normalmente estos casos suelen acabar en decepción si no se acude con la suficiente preparación mental y conocimiento del panorama real como para pensar “pongamos los pies en el suelo, y no esperemos la 'Amina' de Callas o de Sutherland”, y constituyen una profunda maldición para aquellos que se enfrentan a esos roles.
Efectivamente, no es lo habitual que nos encontremos con un intérprete como Juan Diego Flórez, que sin duda es el mejor tenor ligero…
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