A lo largo de este curso, y sin necesidad de salir de España, he tenido la oportunidad y el placer de escuchar a la London Symphony Orchestra en seis conciertos diferentes, y en las seis ocasiones ha sido un auténtico placer renovar mi admiración por esta orquesta ya centenaria. Y si es verdad –que lo es- que cada concierto es irrepetible, por la misma razón me sigue entusiasmando como si fuera la primera vez constatar su carácter versátil y la excelencia de sus diferentes familias, que combinan agilidad, presencia y brillantez a partes iguales. En la Sinfónica de Londres no destaca la cuerda por encima de la madera, ni el metal sobre la percusión, sino que es el pasmoso equilibrio del conjunto lo que le confiere personalidad propia.
Antonio Pappano, quien en un par de temporadas ha sabido el ganarse el favor unánime de público y crítica…
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