"Uno de los objetivos de trabajar la Octava de Bruckner, con independencia de que piense que es una de las obras más grandes de todos los tiempos, es que obliga a la orquesta a realizar un trabajo muy particular. Con esta sinfonía -o cualquiera de las de Bruckner- se trabaja perfectamente la proyección del sonido, se liman asperezas, se entra en la grandiosidad de la música sin necesidad de forzar la sonoridad global de la orquesta y, por último, puedes realizar un control extremo de la afinación en la orquesta. Bruckner, como Schubert, es un músico básico para hacer orquesta, como también lo son Haydn y Mozart." ()
Que Antoni Ros-Marbà tenga tan claro el puñado de verdades absolutas contenido en el párrafo que acabo de transcribir -y, sobre todo, que ya lo tuviera mientras ensayaba por primera vez en su vida la Octava sinfonía de Anton…
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