Esta semana la crónica del nuevo festival salmantino nos trae el arte del tinerfeño Gustavo Díaz-Jerez, gran maestro del piano que nos acerca a la literatura romántica más genuina, proponiéndonos un paseo por el repertorio pianístico más carismático del siglo XIX. La exquisita transcripción propia de La Valse de Ravel culminó un exquisito recital que dejó sin aliento al escaso público del auditorio, sorprendido ante semejante derroche de auténtico espectáculo musical (todavía más inexplicable es que nuestro solista siguiera con aliento después de desplegar tanto virtuosismo y que el Stenway resistiera).
Seamos sinceros, interpretar tan conocidas páginas pianísticas es un riesgo que pocos de nuestros jóvenes talentos pianísticos están dispuestos a correr, pues todos sabemos que tradición obliga y decir Schubert, Schumann o Liszt es mucho…
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