Desde que tengo uso de razón se asevera en Chile que el público local de la lírica, bastante conservador (se dice) para sus gustos, no gusta de las óperas compuestas más allá del año 1900 y de aquellas que provengan de fuera de la península itálica o, al menos, del mundo latino. Así, dice el mito, ni los compositores contemporáneos, ni Wagner, los rusos y mucho menos los ingleses, norteamericanos y latinoamericanos, verán grandes éxitos en el Teatro Municipal.
La buena memoria obliga a recordar casos insignes de los últimos años que tiran por tierra todo aquello: Wozzeck (2000), Los Maestros Cantores de Nürenberg (2001) y Peter Grimes (2003), sólo desde el cambio de siglo, no hubieran tenido el éxito que tuvieron y no se hubieran convertido en el montaje más importante de sus respectivas temporadas si fuera cierto. Tal es el sitial que…
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