El cabaret es el templo sagrado del sadomasoquismo: supuestamente, uno va a divertirse, a beber, a fumar, y a olvidar -mejor si es en los brazos de alguien-; pero se encuentra uno con que ese alguien se dedica –las más de las veces con una sonrisa sarcástica- a recordarle todas y cada una de las razones por las que acudió allí, sin ahorrarse el detalle más cruel y con las palabras más hirientes, capaces de traspasar como el filo de una navaja todo el humo y todo el ruido del local. ‘Vete al diablo, pero no dejes de quererme’, despecho y pasión a partes iguales que resumen esta Abschiedsbrief (Carta de despedida), en lo que podría ser un autorretrato de Kurt Weill... y de Lotte Lenya. Tal para cual.
Ése es el ambiente de la función de esta noche, y ésa es la realización de Itziar Álvarez –figura menuda de negro riguroso años cuarenta con…
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