En las democracias occidentales estamos bastante curados de espantos con los viejos tabúes. Zonas calientes de nuestra infancia, como el sexo y la religión (me refiero a la "oficial", palabra descalificadora donde las haya) no resultan especialmente comprometedoras a la hora de su debate y desmitificación, y una moderada trasgresión de todo ello es, incluso, de buen tono.Señoras y señores: El ArteHablar con ironía de la religión es casi indispensable: estamos todos de vuelta de ello; aunque se aconseja una prudente coletilla tipo "pero algo tiene que haber". Hay que tener "la mente abierta" aunque a veces, a la vista de la explosión de integrismos, supersticiones y magias, más parece que tengamos un agujero en el cerebro, que no es lo mismo. Este "algo tiene que haber" es una de las formas que adopta nuestro deseo de certeza más allá del…
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