Sonido pulcro y matizado; extendida gama dinámica, de pianos tenues a fortes recios, pero nunca estridentes; frases torneadas con sensibilidad, y presteza rítmica fueron cualidades que evidenciaron las apreciables facultades interpretativas del pianista y pedagogo canadiense Ray Kilburn, en el corto recital, de una hora de duración, que ofreció, el domingo, en el Teatro Nacional, para el segundo concierto de gala del XV Festival de Música Credomatic.
Aunque el programa careció de una obra de envergadura mayor (quizá la causa de la relativamente poca cantidad de público), las piezas ofrecidas eran todas pequeñas joyas del repertorio pianístico.El Aria de la Sonata N° 2, en la menor, para violín solo de Johann Sebastian Bach, en transcripción para piano de Leopold Godowsky, dio comienzo al recital. Aquí el reto para el pianista era sostener…
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