Aunque el Octeto de Nueva York no sea un conjunto de instrumentos de cuerdas estable, sino una agrupación reunida para presentarse en el XV Festival de Música Credomatic, el desempeño preciso e integrado que mantuvo en su presentación, el lunes, en el Teatro Nacional, dejó la impresión de que sus miembros habían estado tocando juntos toda una vida.
Asimismo, la entrega y energía de las ejecuciones compensó ocasionales problemas de entonación, sobre todo en la pieza final del concierto, el Octeto de cuerdas, en mi bemol mayor, opus 20, de Felix Mendelssohn. Resulta difícil concebir que un joven de solo 16 años haya escrito esta obra maestra para cuatro violines, dos violas y dos violonchelos, primera en su género instrumental, y que se ha mantenido como modelo gracias a la espontaneidad de su inventiva, abundante riqueza melódica e idónea…
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