Con las palmeras y árboles del Parque Samá, y su palacio iluminado de fondo, sobre un escenario engalanado con telones laterales y en el techo, y un cuerpo de baile con vestimenta de época preciosa, lo que se nos ofreció a la vista fue un regalo para los ojos. La plasticidad de experimentados bailarines, vistosamente trajeados, el ambiente -la sala real con su trono- , y la cuidada iluminación, todo ello contribuyó a redondear una óptima impresión visual. A ello contribuyó además un recio viento, que hizo ondear no solo los cortinados sino también el tapiz del suelo: un conjunto pleno de movimiento.
La música, necesariamente ‘enlatada’ para este tipo de giras de un cuerpo de baile, muy bien ejecutada por expertos en la materia: la orquesta del teatro Marinski de San Petersburgo dirigida por el especialista en la materia, el maestro Victor…
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