"De vez en cuando la vida toma conmigo café", canta Serrat en uno de sus más bellos temas. Para los más de tres mil porteños que tuvimos la fortuna de asistir, la noche del jueves 18 de mayo fue uno de esos momentos en que "la vida se suelta el pelo y está tan linda que da gusto mirarla". Ocurrió que esa noche la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Claudio Abbado, interpretó la Sinfonía Nº 9 de Mahler y cuando después de una hora y cuarto de escuchar embelesados y absortos pudimos reaccionar, la ovación estalló interminable y muchos nos descubrimos lagrimeando, lo que no suele ser frecuente tras un concierto de música sinfónica.No hubo ninguna pieza fuera de programa y estuvo bien que así fuera. Cualquier otra obra, después de lo escuchado, habría roto el círculo mágico y perfecto en el que todos habíamos quedado encerrados.A la…
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