Todos los músicos pueden tener sus días malos: es así de delicado su quehacer. Pues el martes 4 del corriente, el Cuarteto Keller no tuvo su día, porque dos días más tarde, con un programa similar, esto sonó mejor, funcionó bien, no hubo desafinaciones -de hecho, no hubo ni una sola- y como resultado hasta hubo una propina. No cabe ninguna duda de que el espléndido clima otoñal madrileño, y las tapas con los vinos españoles (que pueden competir de igual a igual con el Tokay húngaro) habrán hecho lo suyo. Olvidemos pues lo del martes, y relatemos lo que se oyó hoy.
El programa se inició con otro de los Seis cuartetos vieneses, escritos por Mozart a los 17 años, el K 170, en do mayor. Oímos una versión bien sonante, pulcra, de esta sencilla música. Hubo mucha calidad de conjunto, pero los húngaros son cautos y no toman riesgos. Hay pocos…
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