En estos días, los pocos espacios que deja libres en la prensa diaria el Estatuto de Cataluña son ocupados por los dimes y diretes acerca de los presupuestos generales del Estado y cuántos de sus dineros se invertirán en Galicia: unos dicen que son la ruina, otros que el maná, y los de más allá que algunas partidas están torticeramente duplicadas para sumar más. Naturalmente, jamás se pondrán de acuerdo por mucho que dure el debate y por más que se acepten, rechacen o transacionen enmiendas. Pero todos -empezando por el alcalde de Santiago- guardaron religiosamente la larguísima cola que esta noche se formó a la entrada de la catedral compostelana para asistir al concierto.
La publicidad del evento, concebido como presentación de la temporada, había sido insistente y al comienzo del programa de mano se podía leer una salutación de…
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