Mi primer encuentro auditivo con Antoni Ros-Marbà dirigiendo a la Real Filharmonía de Galicia tuvo lugar en febrero de 2002, con ocasión del inolvidable Fidelio que dieron en este auditorio. Sabía de los méritos del maestro desde los tiempos remotos de mi adolescencia barcelonesa en los últimos años setenta, pero la orquesta era un enigma para mí. Enseguida salí de dudas: bastó la fanfarria inicial de la obertura –contundente, enérgica, limpia, expansiva, carnosa- para darme cuenta de la seriedad del instrumento que había al otro lado de su batuta.
Por eso, y teniendo en cuenta que desde entonces esas primeras impresiones se han ido felizmente consolidando, antes de empezar la obertura de Russlan y Liudmilla ya tenía en la cabeza cómo iban a sonar sus primeros compases: contundentes, enérgicos, limpios, expresivos y carnosos. Y así fue.…
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