Es un hecho significativo y auspicioso la inclusión de una ópera barroca dentro de la temporada de la Canadian Opera Company. Especialmente teniendo en cuenta que muchos de los cantantes canadienses de mayor prestigio, tanto dentro como fuera del pais, se especializan en este tipo de repertorio, lo que debería ser un incentivo para futuras producciones. La opera Rodelinda, que hizo su debut en la compañía, constituye un claro ejemplo de una típica ópera seria handeliana, con una constante sucesión de arias, muchas de ellas da capo que requieren auténticos maratonistas del canto y una minuciosa coordinación entre el foso y la escena.
Es por ello que, sólo con la presencia al podio de un especialista como el director ingles Harry Bicket, ya buena parte de la apuesta resultó ganada de antemano. Harry tuvo un dominio absoluto de la partitura…
Comentarios