Philippe Decuoflé ha traído a Madrid un espectáculo extraordinario, uno de esos que es mejor no perderse. Pero no sé si sería capaz de contarles exactamente de qué se trata. Y créanme que esta situación de "inquietud y apuro" (por usar palabras pronunciadas sistemáticamente por los intérpretes en escena) me hace especialmente feliz: afortunadamente parece que sigue habiendo creadores capaces de ir más allá de las etiquetas establecidas, de traspasar límites y quedarse entre medias. Así podríamos decir que Shazam! (1998) es un circo de cine. Pero también que es un circo de danza. O, incluso, una danza de cine o al revés, un cine de danza. En definitiva da igual lo que sea toda esa sucesión de números que nos hacen aplaudir todo el tiempo. Lo importante es el extraordinario plato que Philippe Decouflé y sus cómplices asociados preparan con…
Comentarios