Algo de extraño tenía esta tarde; el cielo completamente cubierto de Sevilla acabó regalando una lluvia que parecía no querer agotarse. Esto sucedía al día siguiente de la conmemoración de los Difuntos; y no es que les vaya a contar ninguna historia de miedo; pero no negaré, que en mi visión subjetiva de este recital; algo irreal y tenebroso se apoderó del concierto.Quizás sea la sola presencia de Anatol Ugorski (Siberia, 1942) en el escenario lo que ya transmite una singular imagen de distanciamiento expectante entre público y artista. Al contrario de lo que puedan pensarse, no hay en ninguno de sus modos la imagen de un excelso pianista, atormentado y casi en comunión con el éxtasis. Ugorski es un hombre frío, de compleja trayectoria biográfica, sumamente personal en su visión de la música y todo eso lo comprobamos en el rostro…
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