Es fama -real o inventada, es lo de menos- que en las legaciones diplomáticas los agregados culturales suelen llevar una vida bastante apacible. Tanto más si la embajada o la oficina consular es de pabellón occidental y se encuentra en un país ubicado en el hemisferio oeste y en latitud tropical. Las tediosas y cálidas mañanas, pues, se convierten en largos ratos que los diplomáticos suelen emplear en lo que técnicamente se llaman ‘notas’, y que no son sino educadísimas cartas dirigidas al ministro de exteriores del país receptor, en las que, además de expresar varias veces en cuán distinguida consideración se tiene al gobierno anfitrión, se proponen acuerdos sobre las más diversas materias entre los dos Estados.
En caso de que al señor ministro le parezca oportuno, responderá con otra ‘nota’ dirigida al embajador expresando su…
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