Antes de entrar en materia, debo confesar que la palabra ‘Virtuosi’ no me gusta. Porque en materia del dominio de un instrumento musical, un virtuoso puede ser un formidable manitas, un fenómeno circense, pero no necesariamente un gran músico. A la inversa, un buen músico que es además un virtuoso -y de esos hay más bien pocos- es, por supuesto, el summum de lo que se puede esperar.
En el caso que nos ocupa, el conjunto Wiener Virtuosi, no cabe duda de que sus componentes son todos instrumentistas de grandes recursos técnicos. Si cada uno por su cuenta también lograría convencer musicalmente como intérprete solista, evidentemente no lo sé. Dejémosles el beneficio de la duda. El hecho es que oímos tres obras, impecablemente tocadas, pero que en ningún momento pudieron emocionar, ni siquiera un poquito. A lo mejor, el marco de la Sala…
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