Convencido de la popularidad del tema de Don Juan y del casi seguro conocimiento que tiene el público de hoy de la historia donjuanesca pasada por el prisma de Mozart y Da Ponte, Francisco López se ha permitido tomar partido por una puesta en escena con un decorado clásico y personajes que viven en una Sevilla de finales del siglo XIX o principios del XX, aunque felizmente alejada de cualquier matiz folklórico-andalucista.
El citado decorado consiste en una antigua capilla neoclásica semicircular que permite, mediante el deslizamiento de algunos de sus componentes, mutarse en calles, en cementerio, en salón de baile o en el comedor del palacio de ‘Don Giovanni’, dedicando el antiguo altar a otro tipo de 'sacrificios' bien distintos de los de su tradicional función litúrgica. Este espacio escénico queda eficazmente delimitado por distintos…
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