El nombre de Fazil Say causa expectación por dondequiera que aparece: la gran versatilidad de este pianista y compositor, los grandes nombres y publicitados eventos en los que ha intervenido y el mimo con que el gobierno turco lo trata, encargándole obras como Nazimm, oratorio que parte de textos del poeta Nazimm Hikmet, provocan que su nombre empiece a ser conocido por un público no estrictamente especializado. Tampoco es ajeno a este éxito el patrocinio de grandes empresas alemanas: recordemos la gran comunidad turca que trabaja en este país, y el peso específico que ésta ha llegado a tener. Por supuesto, todo ello sería inútil sin un talento y unas capacidades ciertamente sui generis, pero que no van a dejar a nadie indiferente.
Después de un Preludio a la siesta de un fauno muy correcto de Gimeno, bien planteado y resuelto,…
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