El pianista turco Fazi Say salió al escenario del nuevo Auditorio del Conservatorio Superior zaragozano con un aire de jovenzuelo despistado, como recién levantado de una buena siesta, envuelto en una generosa chaqueta de terciopelo y con el pelo algo enmarañado. Desde el primer momento, los presentes tuvimos claro que no estábamos ante un pianista convencional. Ni en la forma ni en fondo. Sobre lo primero, hacemos notar que Say canturrea, gesticula y ‘teatraliza’ su interpretación. Son cosas que, o gustan o no. No hay término medio. Como mucho, ‘que no moleste’. Otras sorprenden, como esa manera suya de atacar el pedal derecho, con el tacón del zapato en el aire, empujando la pierna desde arriba, con la rodilla en la parte inferior del teclado.
Pero es sólo la forma. El fondo es donde está la miga. Y ahí vamos, porque Say nos ofreció un…
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