Silencio en el Palau. Aparece Joshua Redman y su cuarteto. Aplausos tímidos. El saxofonista se sitúa en medio del escenario, rodeado de sus compañeros. Un juego de luces deja la iluminación sólo para él. Su gesto es de concentración. Mira fijamente su saxo tenor, se ajusta la correa y emboca la boquilla con los ojos cerrados. El silencio es enorme. Entonces empieza a soplar, levemente. Es una nota que casi no se percibe, medio nota-medio aire.Se puede empezar un concierto de muchas maneras, pero él lo hizo así, a lo difícil: una nota muy larga, en el registro medio-bajo y, sobretodo, muy bien atacada, empujando el aire justo, dando el tono adecuado. La cadenza fue larga, entretenida, curiosa y sobretodo, destacando esta nueva sonoridad y fraseo de que Redman hace gala: algo ha cambiado profundamente en su camino.En el mundillo del jazz,…
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