“La primera reacción de uno al saber que estas composiciones son de un niño es de sobrecogimiento y preocupación porque un genio tan precoz debería seguir su desarrollo normal […] ¡Esta seguridad de estilo, esta maestría de la forma, esta expresividad característica, esta audaz armonía, son verdaderamente sorprendentes!”. Con estas palabras elogiaba Richard Strauss las composiciones del niño prodigio Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), que a la edad de 11 años ya había estrenado un ballet en la Corte de Viena, Der Sheemann. A pesar de estas alabanzas iniciales al talento precoz, la verdadera fama de Korngold no llegaría hasta los años 30. En esos años el compositor emigra a los Estados Unidos y comienza a trabajar en Hollywood en la creación de música para películas. Las aventuras de Robin Hood (1938), The sea Hawk (1940) y Kings Row…
Comentarios