Mientras que en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional se interpretaban obras de gran enjundia -como la Novena Sinfonía de Beethoven- en la Sala de Cámara las cosas fueron más íntimas, porque allí se interpretaron obras de Bach para un conjunto más pequeño. ¡Menos fausto, mayor espiritualidad! Pero -y es una lástima- solamente un pequeño núcleo del público madrileño lo comprende así, y los que faltaron se perdieron así un concierto de gran calidad.
Bajo la experta dirección de su concertino y solista Nicolás Chumachenco, la Orquesta de Cámara Reina Sofía suena muy, pero muy bien: afinación esmerada, ductilidad en sutiles cambios rítmicos, diferenciación dinámica refinada. ¿Qué más se puede pedir? Tocan Bach de forma apropiada para un conjunto que utiliza instrumentos modernos: no hay excesos ‘románticos’ pero tampoco rinden culto a las…
Comentarios