Los ingenieros de caminos -que no son tan mala gente como se empeñan en parecer- suelen jactarse de que Dios se tuvo que conformar con ser Dios porque no acabó la carrera de caminos. Tal vez sea porque a ellos les toca estudiar una materia que es todo un hueso: el cálculo de estructuras, una ciencia que estudia la estabilidad y la resistencia de las construcciones, de forma que las tensiones y deformaciones que esas construcciones han de soportar se mantengan dentro de determinados límites que no las hagan inservibles para el uso proyectado.
De todos modos, fue Händel y no un ingeniero de caminos quien puso en música la vida del hijo de Dios en su Mesías -o más bien la recompuso en buena parte a base de materiales anteriores-; y esta noche ha sido Antoni Ros-Marbà -que tampoco es caminero, hasta donde yo sé- quien ha dado una soberana…
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