Escuchar a la London Symphony dirigida por Bernard Haitink es un lujo al que uno se acostumbra con demasiada facilidad y tras el cual nada vuelve a ser igual. ¿El secreto? Quizás que el holandés no utiliza batuta sino una varita mágica que logra transportar a músicos y público al país del concierto perfecto.
Lo cierto es que si a la salida de este recital –en sentido literal y figurado- llega a haber un stand con tazas, gorras, camisetas y pósters con la imagen de Haitink se hubiera quedado sin stock en el acto. La haitinkmanía embargó a un Auditorio lleno hasta la bandera después de escuchar a la London, ¡qué gran orquesta!, ejecutar a la perfección las órdenes de este señor de 76 años que reivindica para si la posibilidad de “tocar las notas”, sólo eso.
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