La representación de El Holandés Errante que pudimos ver el pasado sábado 21, dentro de la 54ª temporada de la ABAO, es de las que crean no sólo afición sino, me atrevería a decir, pasión por Wagner. Es verdad que es un Wagner temprano, un Wagner aún elaborando lo que luego sería su universo personal, en el que son claramente perceptibles influencias de Weber, e incluso italianas y de la Grand Opera francesa, con una gran carga de romanticismo en el sentido más 'clásico' del término, pero que ya contiene elementos de ese magistral manejo de la orquesta que será su marca característica en obras posteriores.
Todo este universo wagneriano fue recreado con gran belleza y, sobre todo, fuerza y garra, por Juanjo Mena y su Bilbao Orkestra Sinfonikoa. El director alavés estuvo en todo momento brillante, desde la vistosa obertura, hasta el…
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