Lo que sucede tanto en la magistral suma pianística de Albéniz, Iberia como en las deliciosas Siete canciones populares españolas de Falla es que ambas pierden gran parte de su poder encantatorio cuando el piano es convertido en orquesta. En la obra de Albéniz advertimos la carencia de todos sus contrastes, sus recovecos, su aire popular pero también la superada musicalidad de la Schola Cantorum. Iberia, tan admirada por compositores de la talla de un Messiaen y un Ligeti, es un complejo caleidoscopio donde se evoca la riqueza del folklore andaluz con miras mucho más adelantadas. Ante una obra como esta, compositores de muy distinta índole se han visto motivados a dar su visión orquestal; así Luciano Berio o Enrique F. Arbós. De este último se eligió una selección de piezas para ser recreadas y la verdad es que a nadie puede…
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