Casi veinte años después de su muerte, Ángel Barja (Santa Cruz de Terroso, Orense, 1938; León, 1987) sigue presente en la memoria de sus conciudadanos leoneses. Es el merecido premio a un músico dotadísimo que ejerció su arte como manera de ser un ciudadano ejemplar. Al igual que sucedió con Schubert, la música de Barja es mantenida viva por sus amigos, al margen de modas, y contra viento y marea. Y dos décadas después de su muerte, el Museo de Arte Contemporáneo de Fenosa se llenó -casi sorpresivamente (era a media tarde de un sábado y en un lugar alejado del centro de la ciudad)- de personas que sabían muy bien a qué iban y por qué merecía la pena ir.
Una hora antes del concierto celebrado el pasado 28 de enero, José Luis Turina dio una bien escrita conferencia (publicada en el primoroso programa de mano en traducción al gallego) en la…
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