Boris Charmatz se ha convertido, con el triple programa que estrenará tres de sus obras, en la apuesta más arriesgada del escueto aunque interesante apartado de danza del Festival de Otoño. Veremos qué traen los estrenos de la próxima semana. De momento, A bras le corps, a pesar de sus escasos treinta y cinco minutos, ha resultado ser la obra de más empeño del festival. Por medio del cuerpo, que es lo que puede significar el título de la obra, tiene la absoluta virtud de enredar y espantar cualquier categoría o etiqueta. De nada sirven las expectativas, los prejuicios o los órdenes previos. La obra exige el abandono inmediato de todas aquellas nociones formales o históricas al uso que, de otra manera, nos llevarían irremediablemente a equívocos absurdos. Así, como buen principio que es, lo único que podemos hacer es estar, es decir,…
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