¡Con qué alegría salía el público del teatro Calderón! La verdad es que daba gusto ver cómo todo el mundo había disfrutado tanto; un ambiente de euforia que ya se respiraba en el descanso, y que se hizo patente con el entusiasmo de aplausos y bravos, siempre en aumento. El programa, netamente belcantista, se prestaba a ello: piezas nunca demasiado famosas, excepto las más reposadas —'Spirto gentil', 'Ah te, o cara'—, pero animadas, de gran dificultad, aptas para lucir las cualidades sobre todo de Flórez.
Ya se sabe que, entre el tumulto del entusiasmo desatado, siempre hay espacio para la reflexión y para el matiz, máxime cuando en muchas ocasiones a ese regocijo, inconscientemente, puede contribuir el precio que se ha pagado: ¡como para no disfrutar del espectáculo si se ha soltado entre 30 y 60 € de vellón! Precios tampoco desorbitados…
Comentarios