Lo primero que debo destacar de este excepcional concierto con obras de Bach es la suerte de poder haberlo gozado en la relativa intimidad de la sala de cámara del Auditorio Nacional. Intérpretes de la talla de la Mullova suelen tocar en mayores salas, seguramente por motivos económicos –sus elevados cachets así lo exigen– pero esta vez, y por el buen criterio del Liceo de Cámara, el público tuvo el privilegio de gozar del arte de esta excepcional violinista en un ambiente sonoramente adecuado. ¡Un auténtico lujo!
Lo siguiente a destacar es la modestia con que ella se presenta. Nada, absolutamente nada, de gestos de gran virtuosa del violín. Un vestido largo, de caída irregular, que si no fuera en ese marco, lo calificaría de “elegantemente hippy”, dejó a la vista sus largos, magros brazos, que saben hacer maravillas con su violín…
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