La Orquesta del Siglo de las Luces cuenta con excelentes músicos. Robert Levin quizá lo sea, algo que sabríamos de haberlo podido escuchar. Y Roger Norrington… es un sir que va de guay. Sin podio, sorteando atriles, moviéndose extravagantemente, pasando de la inacción absoluta a los gestos desaforados, ofreció un espectáculo fundamentalmente visual.
A la obertura de Don Giovanni le quiso extraer tanto ADN romántico que acabó desvirtuando la propia música. En el Concierto nº 24 ¡cuánto le habríamos agradecido que hubiera aprovechado uno de sus paseos para hacerse acopio de un amplificador para el pianoforte! La única sensación que me queda de la versión es la de que tuve que forzar tanto los oídos que literalmente me dolían. Bastaba un oboe para aplastar el sonido del teclado. Planos más cuidados y una sala más pequeña habrían contribuido…
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