España - Andalucía

Las cosas bien hechas

Fernando López Vargas-Machuca
viernes, 24 de noviembre de 2000
Jerez de la Frontera, sábado, 18 de noviembre de 2000. Teatro Villamarta. 'Don Gil de Alcalá', ópera cómica española en tres actos con música y libreto de Manuel Penella. Carmen Subrido (Niña Estrella); Enrique Ferrer (Don Gil); Ismael Pons (Don Diego); Luis Alvarez (Carrasquilla); Amalia Barrio (Maya); Antonio Queimadelos (Chamaco); Alberto Arrabal (Padre Magistral); Emilio García Carretero (Gobernador); Luisa Maeso (Madre Abadesa). Coro del Teatro Villamarta, dirigido por Ángel Hortas. Joven Orquesta Sinfónica Vetusta dirigida por José Luis Temes. Dirección de escena: Carlos Fernández de Castro; Escenografía: Daniel Bianco; Figurines: Pedro Moreno; Coreografía: Pilar Rubio; Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Otoño Lírico Jerezano.
0,0001431 Excelente idea la del Teatro Villamarta de reponer la producción de Don Gil de Alcalá que en 1989 había preparado Carlos Fernández de Castro para el Teatro de La Zarzuela. Ya le había servido al teatro madrileño para abrir sus puertas la anterior temporada, lo que nos da una idea de la elevada calidad de la misma y la satisfacción de sus responsables. Como Mundoclásico.com publicó en su día una crítica de aquél acontecimiento, firmada por Javier Suárez-Pajares, no creo que me corresponda ahora más que realizar un repaso sucinto y aportar algún matiz sobre la función jerezana.Muy, pero que muy bien se ha conservado la producción. El concepto escénico resulta convincente en su homenaje a la pintura (Zurbarán y ciertos pintores virreinales en el primer acto, de sugestiva iluminación tenebrista; Watteau y el mundo rococó a lo Luis XV en los dos restantes, en el que predominaron los tonos pastel); un impresionante marco dorado rodeaba el escenario y otro al fondo servía para jugar, a la manera de Velázquez, con el cuadro dentro del cuadro. El vestuario de Pedro Moreno, en otras ocasiones excesivo, se hallaba muy en su lugar. Dirección de actores y masas un pelín estática -tal vez por pictórica- pero cuidada y creíble, muy cómica pero sin caer en lo bufonesco o lo chabacano: es decir, elegante como la propia música.Precisamente sobre la validez de ésta mantengo la única discrepancia con las opiniones vertidas por mi colega Javier Suárez-Pajares. Ciertamente no se trata de ninguna obra maestra, entre otras cosas porque la trama argumental -libreto del propio compositor a partir de esquemas propios del teatro del Siglo de Oro español, como bien señala Alfonso Carraté en sus notas- es muy débil, está irregularmente desarrollada y no interesa en casi ningún momento. Pero la partitura presenta una feliz inspiración y a juicio de quien suscribe no suena a pastiche a pesar de sus continuas referencias al clasicismo dieciochesco y a diferentes músicas populares como la habanera o la seguidilla. Salvando las obvias distancias, el resultado guarda no pocos paralelismos con el de la Pulcinella stravinskiana. Vaya, que no está nada mal que de tarde en tarde podamos apreciar sus valores en escena, y sería de agradecer que alguna casa discográfica se encargara de registrarla con tecnología moderna e intérpretes adecuados.Muy homogéneo y convincente, con sus más y sus menos, el elenco congregado para la ocasión, en gran medida coincidente con el de la citada reposición en La Zarzuela (el primer reparto, no el segundo, que fue del que se habló en Mundoclasico.com). De hecho, sólo al, por otra parte sensible y esforzado tenor, Enrique Ferrer se le podría poner alguna pega en lo vocal. Ismael Pons, Carmen Subrido, Antonio Queimadelos y Amalia Barrio estuvieron espléndidos. A destacar muy positivamente la labor de Luis Álvarez en su enésima intervención en el Otoño Lírico Jerezano: bordó la comicidad del pícaro sargento Carrasquilla -acento sevillano incluido- sin desequilibrar el conjunto. En este sentido me recordó a ese grandísimo percusionista que es Pedro Estevan, un prodigio técnica, imaginación y riesgo que sabe estar en su lugar sin caer en el exhibicionismo de su talento. Al servicio de la música, como debe ser. Ojalá el año que viene podamos disfrutar de nuevo del barítono jiennense.El Coro del Villamarta alcanzó un muy digno nivel, superior al que exhibiera en anteriores actuaciones en este Otoño Lírico. ¿Conciencia de encontrarse a una música superior a la de, por ejemplo, un Pablo Luna? Me llegan rumores de que sí. Y es que la motivación es un factor fundamental a la hora de alcanzar buenos resultados. Francamente admirable la dirección de José Luis Temes, que tiene ya muy rodada la partitura; supo mantener el pulso a lo largo de la velada y alcanzar un buen equilibrio entre los aspectos más clasicistas y la vertiente digamos zarzuelera. Él es en gran medida el responsable del éxito de la empresa. Una pena que la Joven Orquesta Sinfónica Vetusta se comportara como lo que es, una formación muy joven compuesta por veinteañeros con tanta ilusión como carencias técnicas. De todas formas el resultado musical global fue notable, lo que terminó de redondear una gran noche lírica. Dentro de poco comenzará la segunda edición del Concurso de Canto, dedicada en esta ocasión a voces masculinas. Les daremos cuenta de ello.
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