Remontarse tres siglos atrás, a través de la música, siempre resulta ser una experiencia emocionante, sobre todo cuando además existe el ambiente propicio para ello, ya sea mediante intérpretes que han dedicado toda su vida a investigar y cultivar las creaciones de esa época, ya sea por la acústica y el entorno del local donde se oye esta música. La Sala de Cámara, es verdad, tiene una arquitectura demasiada moderna, pero con excelente criterio el concierto se realizó con el recinto casi a oscuras, con apenas una lámpara de pie para dar alguna luz a los atriles, y una pequeña lamparita sobre el atril del clavecín. Con ello se creó el clima propicio para gozar de composiciones de Marin Marais y de su maestro, Mr. De Sainte-Colombe, misterioso personaje, sobre cuya historia el programa de mano publica un interesante artículo de Beatriz…
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