Bobby Fischer se equivocó. Lo mejor no es siempre el medio juego, sino que a veces la apertura y el final tiene su aquello. Así pasó en el último concierto del 22 Festival de Música de Canarias, noche en la que el espectáculo no estuvo a la altura de la despedida que Rafael Nebot, el único director que ha tenido hasta ahora el certamen, se merecía.
Sobre el escenario una reducida Orquesta Filarmónica de Gran Canaria -reducida tras varios ensayos, todo hay que decirlo- a las órdenes de un tenso director titular, Pedro Halffter. El conjunto, que se sabe la partitura después de que años atrás la utilizó para inaugurar el Teatro Cuyás, solventó su parte como pudo, pero no de forma brillante. Las órdenes poco claras de Halffter no ayudaron a la OFGC a recomponerse, a pesar de los esfuerzos de un nuevo concertino invitado que intentaba dar las…
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