Consiguieron sorprender a Da. Paloma O’Shea con este concierto-homenaje, lo que de por sí es una proeza. Ella acudió para presenciar otro concierto más, y fue recibido por una fanfarria, tocada por cinco trompas, cinco oboes, y un tambor, todos alumnos de las respectivas cátedras de instrumentos de viento, de pie rodeando a la homenajeada, y luego en fila acompañándola a su asiento en las gradas del auditorio. Era música del Orfeo, de Monteverdi: festiva y alegre, apta para la ocasión. El programa nombra a los nueve alumnos (y una invitada, la tamborilera), pero no a Juan Mendoza, director de la escuela, que también tocó el oboe. No pasó desapercibido.
El auditorio estaba lleno, y si hubieran cabido más, también se habría llenado. Hubo una gran batería de fotógrafos y fotógrafas: vi como una docena en total. En el fondo del escenario, una…
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