Como ya se habrán dado cuenta, últimamente todo me huele a arquitectura. Y, aunque yo intento disimular un poco (no porque esta manía no resulte placentera sino por no inquietarles), al final sólo veo edificios. Parece que, tal y como se olieron algunos coreógrafos a lo largo de los sesenta, el problema no está tanto en lo que el cuerpo en sí hacía, como en el lugar en el que éste se construía.Segunda obra del triple programa de Charmatz. Otro trabajo escueto de 35 minutos, esta vez estrenado en 1996.Escena de la Sala Valle Inclán de la Real Escuela Superior de Arte Dramático. El telón de acero está bajado y nosotros estamos bajo los peines de los telones, dentro de ese gran espacio cuadrangular. Allí, en el centro, se levanta la triple casa de Boris Charmatz. Se trata de una torre compuesta por dos estructuras cúbicas superpuestas que…
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