Empezaremos con un calificativo, inmenso. Inmenso concierto el ofrecido por esta orquesta y coro que bajo una dirección serena, precisa y elegante transportó, a su máxima expresión, la también inmensa composición de Brahms.Y es que esta obra- cuyo desarrollo compositivo se prolongó durante catorce años, antes de ser estrenada definitivamente el 18 de febrero de 1869 en la Gewandhaus de Leizpig bajo la batuta de Karl Reinecke – no es un Requiem al uso. No está pensado para insertarlo en una celebración litúrgica y, quizás, por ello, se le ha denominado en varias ocasiones el Requiem ateo. Sin embargo, este adjetivo no le hace justicia ya que su música esta llena de espiritualidad, de transcendencia pero no místicamente lejana sino humanamente cercana. Brahms, impulsado primeramente por la muerte de su gran amigo Schumann en 1856 y…
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