El violinista y director ruso Dimitri Sitkovietski siempre es bienvenido. Su estilo de tocar el violín y dirigir, personalísimos pero con un halo de rigor y seriedad que se transmiten indefectiblemente a los profesores de la orquesta, en peligro de caer en la rutina, resultan muy estimulantes para todos, ante todo para el público habitual, cuyo ánimo, a estas alturas de la temporada, corre el riesgo de insensibilizarse si no se le sorprende y motiva.
De la anterior visita del ruso recordábamos un magnífico Shostacovich, y de nuevo se trajo al atormentado compositor en esta nueva visita a la capital pucelana —Sinfonía nº 8—, acompañado de Procofiev —Concierto para violín nº 1— y el Fratres de Pärt —por segunda vez esta temporada después de que ya disfrutáramos con la versión para guitarra—. El resultado global del concierto no fue…
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