Vaya sorpresa al abrir el programa de mano: ¡solamente obras del siglo XX en un concierto de alumnos de violín! Esto era algo inusitado, algo fuera de esa cierta rutina que suele caracterizar estas audiciones. La idea de hacerlo así de diferente es evidente: los violinistas en ciernes tienen que abarcar todo el repertorio, también el de la música más moderna. Así amplían su horizonte musical, y vaya, ¡como logró el Profesor Schmidt que entren en la materia!. Porque el concierto resultó ser mucho más que un concierto de alumnos, resultó ser un concierto excitante, con música excitante, y muy, muy bien interpretada, y eso a pesar de las innegables dificultades de algunas de las obras programadas..
El programa -que se ejecutó sin solución de continuidad- comenzó con Fratres para violín y piano, compuesto entre 1977 y 1980 por Arvo Pärt, el…
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