Por esas cosas que permite la vida moderna, este crítico se pasó la mañana del domingo en Bilbao, llegando a Valencia (Calatrava por aquí, Calatrava por allá) por la tarde, con el tiempo justo para asistir al concierto de Levine. En Bilbao, ya se sabe, la consabida visita al Guggenheim. Curioso monumento. Hay quien opina que se asemeja a un barco. A mí me pareció una hucha. Y yo fui uno de esos billetitos de mil pesetas (es decir, seis euros; ¡si es muy fácil!) que en él entró. Lo que había en su interior: artes minimalista, conceptual, posminimalista y environmental art (arte ambiental), ahí es nada. "Lo que se ve es lo que se ve", reza el axioma del minimalismo, según la guía de la exposición, frase que tiene el mismo tufillo crípticamente teológico que aquello de "Yo soy el que soy". En fin, no seguiré por ahí, porque puede que me…
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