Asisto con cierta regularidad a los conciertos de alumnos de violín y viola de la Escuela Reina Sofía, porque es lo mío, y muchas veces esto depara sorpresas agradables. Pero esta vez, la curiosidad -y disponibilidad de un par de horas- me hizo ir a escuchar a esta nueva generación de violoncellistas, cuyo futuro se está forjando aquí. Como la sala es pequeña, lo primero que sorprende es que se ha formado un público fiel que ha descubierto este filón y que toma asiento siempre en el mismo sitio. Como si de una fiesta en familia se tratara.
En general, las prestaciones fueron de un excelente nivel de calidad, tanto técnico como musical. Desde un punto de vista psicológico, quiero creer que estar sentado, y parapetado detrás del voluminoso instrumento, facilita la tarea a los violoncellistas; comparado con violín y viola, pero por otro…
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